Entre luces y sombras, autoretato
Entre luces y sombras es un autorretrato construido desde una paleta cromática deliberadamente reducida, en la que cuatro colores se transforman en una amplia variedad de matices, temperaturas y profundidades.
El rostro se convierte en el centro absoluto de la composición. Las luces y las sombras no buscan únicamente reproducir las facciones, sino mostrar diferentes dimensiones de una misma identidad.
Los tonos marrones aportan calidez, humanidad y profundidad; los azules introducen pequeños puntos de contraste y una sensación de introspección; mientras que los amarillos aparecen como acentos luminosos que rompen la oscuridad y atraen la mirada.
La pincelada visible y los contrastes de luz hacen que el retrato conserve cierta espontaneidad. La obra no pretende esconder las marcas del proceso, sino dejar visible la mano de la artista.